jueves 19 de mayo de 2011

La Adversidad




La adversidad nos hiere con su tenaza aguda,
y la carne cobarde sin vacilar la esquiva.
Si nos dan a elegir, queda la prenda ruda,
pero al manto de seda va la mano instintiva.

Sin embargo, lo adverso viene con su ventaja,
pues sus chispas ardientes nos han sabido dar
un filo de herramienta certera, que trabaja,
cuando nos roe y pule, cual piedra de afilar.

Nos vamos preparando porque la noche avanza,
el alba del milenio nos aguarda después,
llena de bendiciones, de quietud y bonanza;
pero antes, hay espinas para hollar con los pies.

En una noche histórica del lejano pasado,
cuando a Jacob el nombre de Israel se le dio,
él vio llegar el día después de haber luchado
con el ángel sin tregua, hasta que amaneció.

Prevaleció por siglos la aprobación ganada;
su tierra fue fecunda, su descendencia mucha.
Pero hay algo en el fondo de esta lección sagrada:
Las altas bendiciones se consiguen con lucha.


Álef Guímel